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Title: Las tesmoforias
Authors: Aristofanes
Keywords: Teatro
Publisher: LibroDot
Abstract: Esta comedia (conocida también con el título de “Las Fiestas de Deméter”) se representó el año 412 y contiene otro violento ataque contra Eurípides, a quien Aristófanes consideraba como uno de los corruptores del buen gusto y de la moral. Su animadversión era extremada; y esta furia agresiva contra el gran poeta trágico, y que Aristófanes reiteró siete años después en Las Ranas, no siempre fue recibida con aprobación. La posteridad tampoco ha justificado la violencia de tan duros ataques. En el sentir general, Eurípides es inferior a Esquilo y a Sófocles por los lados más notables del arte. No tiene Eurípides sin duda, ni el entusiasmo sagrado del uno ni la serena majestad del otro; pero, en cambio, le corresponde la gloria de haber mostrado al hombre a sí mismo, analizando hasta los más profundos repliegues del alma, los más acerbos e íntimos dolores. No carece, evidentemente, de defectos: abuso de sentencias morales y de torneos oratorios propios, tal vez para buscar el éxito entre unos públicos que, como los atenienses de la época, se apasionaban por los artificios de la elocuencia. En todo caso, estos y otros "defectos" no son como para haber provocado, de parte de Aristófanes, un odio tan enconado y soez. Las fiestas de las Tesmoforias duraban cinco días y se le consagraban a Démeter Tesmofora, o Legisladora, en gratitud por las sabias leyes que la diosa había dado a los mortales. Unos días antes de dar comienzo las solemnidades, las mujeres de las más distinguidas familias -únicas que tenían el derecho de celebrarlas- debían abstenerse de todos los placeres de los sentidos, incluso de los más legítimos, y vivir con la más perfecta sobriedad.. El sacerdote que presidía las Tesmoforias pertenecía obligatoriamente a la familia sacerdotal de los Eumólpides, descendientes de Eumolpo, hijo de Poseidón. En estas fiestas, el culto de Perséfone iba asociado al de Deméter, su madre. A pesar de su título, esta comedia no tiene por objeto los misterios de las diosas Tesmoforas. En ella, Aristófanes quiso que el público asistiese a un acontecimiento sensacional: el proceso de Eurípides y la condena que le infligen las mujeres por haber dicho tanto mal de ellas en sus tragedias. El Tesmoforion cuyo acceso estaba prohibido a los hombres, le proporciona a Aristófanes un marco adecuado. El poeta supone que las atenienses, cansadas de servir constantemente de blanco a los sarcasmos de Eurípides resuelven vengarse: aprovecharán esas fiestas en que se hallan reunidas y solas para castigar a su enemigo. Enterado de la conspiración que se trama contra él, Eurípides, para salvarse, necesita de alguien que pueda ir a defender su causa en la Asamblea de las mujeres. El poeta Agatón le parece el más a propósito para ello. Con su cara delicada e imberbe, su cutis suave y su voz afeminada podrá disfrazarse fácilmente de mujer e introducirse en el Tesmoforion sin riesgo de que le reconozcan. Eurípides le implora, pero Agatón se niega. Indignado por esta negativa, un pariente de Eurípides, el viejo Mnesíloco, se ofrece a desempeñar la peligrosa misión. Ataviado con un vestido de mujer que Agatón accede a prestarle Mnesíloco acude a la asamblea femenina. Es el segundo día de las fiestas, que, como se sabe, duraban varias jornadas. El proceso comienza, pero la defensa de Mnesíloco es tan torpe que, cuando trata de defender a Eurípides, acusa a las mujeres de cometer mil torpezas más. Tan imprudente lenguaje excita las sospechas, hasta que a Mnesíloco lo reconocen por un hombre disfrazado de mujer. Y el delito de que se le acusa muy grave: haber mancillado los misterios con su presencia. En espera de que lleguen los Pritáneos, Mnesíloco queda detenido bajo la guardia de un arquero escita. Eurípides se ingenia para liberar a su pariente y recurre a varios disfraces, todos ellos tomados de sus propias tragedias. Mientras que Eurípides toma sucesivamente los rasgos de Menelao, de la ninfa Eco y de Perseo, el viejo Mnesíloco representa los papeles de la bella Helena y de la joven Andrómeda. Hay diálogos que reproducen fragmentos de los propios textos de Eurípides; y al fin se produce un feliz desenlace, gracias a un tratado que Eurípides concluye con las mujeres comprometiéndose a no volver a atacarlas, a cambio del rescate de Mnesíloco. Libros Digitales.
Description: Formato PDF. 33 p.
URI: http://dspace.utalca.cl/handle/1950/6673
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